Me conocí hace poco... venía de pensar en una biblioteca, venía de escuchar música en un autobús, venía de llegar a casa y tumbarme un minuto, venía y me encontré.
Ahí estaba yo, con unos años a cuestas que ni pesaban ni dejaban de pesar.
Ahí estaba, aquí estoy... con un pasado que me forma y me deforma, con el que lucho estandole agradecida. Aquí estoy con un futuro que no existe. Aquí, en un presente vivo. Con sabor a tabaco, con calor de chaqueta en lana, con parpadeos oculares, con insonorada respiración lenta, con molestia de pelo picandote la cara, con leve dolor de espalda, con un hermano queriendo ir contigo a la Vall d'Aran, con un gato inquieto que se sube en la falda y te deja rastro con sus blancos pelos largos, con los dedos cansados y una uña rota...
Aquí estoy y aunque mi rosal se deslice hacia una luna lejana buscando el calor de una farola en la noche de un acantilado gallego, y aunque mi rosal se encuentre algo inconnexo sin sus raíces recién salido de la salvaje naturaleza... tiene sus rosas perfectas, con sus necesarias espinas que hacen el daño justo, con sus nutrientes hojas verdes llenas de color, con sus enredaderas mentales que lo enlazan a la emoción de las relaciones más profundas que me complementan.
Por primera vez, estoy aquí, me he recibido sorprendida y con algo de miedo, y me he quedado fascinada de mí, que no de otro, de otros o de cualquiera... de mí.
Soñar es un acto de perfección emocional que te hace volar alto y sentirte perfecto, pero yo no soy perfecto y cuando despierto, ya no encuentro una caída irreparable, encuentro una vuelta a una vivencia de imperfección emocional donde vuelo caminando y me siento el imperfecto más increible.
















